jueves, 17 de agosto de 2017

Endogamia racial

Debe llegar un momento en el que la genética no de para más, en el que nuestros gustos por nuestros más parecidos congéneres nos impida avanzar más allá del camino de la endogamia.
Debe de haber algo mal, más allá de la supervivencia primigenia que enfrentaría a dos "pueblos" "diferentes" por la misma comida, (recursos naturales como el agua, espacio...) etc. que nos haya hecho mal por querer reproducirnos entre nosotros mismos.

Nuestra realeza ha hecho ver que no está mal -a partir de cuando se limitaban parcelarias, tierras o títulos de reconocimiento nobiliario a méritos- el casamiento, y reproducción (por empoderar reinos) entre parientes cercanos de diferente tipo e índole. Sin embargo, el mundo sigue girando igual que el idioma, a su manera y alienado de todas éstas "evoluciones" anormales.

Muy probable es que en un futuro se dividan las razas humanas -más que condiciones sociales, color o poder adquisitivo- en diferentes tipos de "capacidades" (o minusvalías) tanto físicas como psíquicas que diferenciasen demasiado la descendencia para categorizarnos como la misma rama evolutiva de la misma forma que hay casos de infertilidad, que no dejarían descendencia en absoluto -en un principio- cada vez se pueden contrarrestar más problemas de éste tipo con la ciencia.

No obstante, no será probable que podamos seguir llamando Homo Sapiens (Sapiens [qué original]) a los mismos individuos que se desviaron de los genes de sus ancestros por cualquier alteración genética (sea debido a diferentes cromosomas, probabilidades genéticas diferentes, enfermedades raras o agentes patógenos); de altura, como el enanismo quien tiene un pueblo en Mongolia; genes con mayor receptividad a los lípidos, como parecía ser el caso de EE.UU.; o incluso con mayores facilidades para la natación como la nadadora australiana con membranas en manos y piés.

Esperemos que para ello pasen aún muchos miles o millones (o ambas) de años.

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